Hubo un momento en mi adultez, durante uno de los procesos más difíciles que enfrenté, en el que reconocí a Jesucristo como el Señor de mi vida.
Esa decisión marcó un antes y un después para mí y posteriormente también para mi familia.
Desde entonces, crecer en mi relación con Dios, estudiar Su Palabra, compartir las buenas nuevas del Evangelio y servir con gratitud se han convertido en parte fundamental de mi vida.
Creo profundamente que una vida guiada por Dios encuentra propósito, dirección y esperanza.
